La Revolución Mexicana trastocó la vida de las mujeres en nuestro país desde la etapa “precursora”, en la que comenzaron a surgir variadas organizaciones femeninas que cuestionaron la dictadura de Porfirio Díaz. Y ya en el contexto de la lucha armada, se incorporaron a los ejércitos llevando las funciones de cuidado, alimentación, como soldaderas y enfermeras, y algunas incluso tomando las armas. Gracias al estallido revolucionario, las mujeres se organizaron a fin de luchar también en favor de beneficios propios, como el derecho al voto, la igualdad con respecto a los hombres, el acceso a la educación, la equidad laboral, la salarial, entre otros más que se fueron adhiriendo a una lista a lo largo del siglo XX, y por los que se sigue trabajando en la actualidad, comenta la historiadora Margarita Vásquez.
Por no haber una mujer que no sea insurgenta
Las mujeres han participado tenazmente en la construcción de México como nación; no obstante, su presencia ha sido muchas veces omitida en la narración de los procesos históricos, como la Independencia. Gran parte de las noticias que hoy tenemos sobre sus acciones en ese periodo están dispersas en los procesos judiciales a los que fueron sometidas, en cartas o diarios, escritos por ellas mismas u otras personas, y a veces también en partes de guerra de los insurgentes y los realistas. Mujeres de distintos orígenes desempeñaron actividades fundamentales y se sumaron a aquella lucha. Pero también, frecuentemente, recibieron castigos, según el sector social al que pertenecían y, con el tiempo, quedaron condenadas a la indiferencia y el olvido, señala la investigadora Angélica Noemí Juárez Pérez
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